¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?

Cuántas veces hemos oído estas palabras de Jesús donde hace con gran rotundidad. tres propuestas al que quiere seguirle, es todo un programa para el discípulo.

“ Niéguese a sí mismo”   ¿Qué significa realmente negarse a sí mismo?  En las religiones y filosofías orientales se encuentra esta  intención de anonadamiento, una  necesidad de disolver el  ego en la inmensidad de la creación, mediante la meditación.

El ego vive en todo hombre, lo devora desde el interior, pide su alimento, cada día y todas las acciones humanas  van encaminadas a agrandarlo.

El deseo de agradar, los regalos para quedar bien, el cuidado de la propia imagen, el exhibir cualidades o conocimientos…   El actor  quiere el aplauso,  el artista la fama;  el deportista el podium, y todo el que trabaja y se sacrifica quiere recibir algún premio, ascenso, o remuneración para el crecimiento de su ego.

Incluso el que da a los demás una limosna, el que hace una buena obra quizá con un esfuerzo o sacrificio personal, siente también la satisfacción de la obra bien hecha y  se cree por ello, merecedor de un título o una condecoración.

Nada gusta tanto al ser humano como las alabanzas, los homenajes, los halagos, los reconocimientos. Y, si no te lo reconocen los demás, tú te lo dices en tu interior: qué fuerte soy,  qué justo, qué bueno y  guapo,  amable, inteligente, ingenioso…lo que sea, cada uno según sus cualidades.

El ego es necesario. Sin fe en uno mismo o, sin convencimiento de la capacidad de hacerlo bien, es imposible que el hombre tenga la fuerza y el impulso para hacer algo. La negación de sí mismo es un ideal al  que hay que aspirar, es la meta,  el fin último, que alcanzaron los místicos y algunos santos

Creo que nos bastaría con  mantener al ego bien sujeto para que  no se desmande, no consentir que rija nuestras acciones ni se imponga a nuestros mejores impulsos; cuando asoma empujarlo hacia abajo para que podamos llevar acabo el programa evangélico del amor a los otros.  

Cargar con la cruz.-  Es la siguiente recomendación. Muy duro es este punto.  Porque, no es aguantar malhumorado y quejoso la cruz de la vida, buscando algo que lo quite, lo oculte, lo disfrace, sino cargar con ella, aceptarla, abrazarla y sacar  el provecho espiritual que nos proporciona. Es identificarse con Jesús en el sufrimiento, aprender a sufrir. Creo que a las personas no se nos da bien sufrir, a pesar de que todos tenemos que pasar por ello. Sufrir nos causa repugnancia y rechazo.  Ante el dolor y el sufrimiento  respondemos con la rebeldía y la rabia, o con el aguante de una apagada resignación pasiva. Muchos se refugian en las drogas o el alcohol para engañarse y evadirse de las situaciones de dolor o angustia, y se anulan, se destruyen.

“El que quiera salvar su vida la perderá” El punto tercero nos previene del estado de encapsulamiento. Encerrarse en la propia  vida para no contaminarse, ajeno al sufrimiento y el dolor del hermano para que no nos inquiete ni nos perturbe.

Este alejarse de la vida de los demás es frecuente en los ricos y los poderosos del mundo, que plantan sus mansiones lejanas y aisladas, para no ver la pobreza, y no tener que sufrir el feo espectáculo de la miseria. Se aturden con goces: la comida,  la bebida, diversiones, viajes, efímeras sensaciones de felicidad.

La vida que no se expande, que no se entrega, no crece, no se reproduce, no fructifica, se mustia y muere. La vida no entregada es vida perdida. “Y qué le importa al hombre ganar todo el mundo se pierde su vida”.

Aquél que la  regala,  la gasta  y la emplea  en difundir la palabra evangélica y  la  entrega al hermano solo, enfermo,  triste, necesitado. “Ese la salvará”

Y  por último Jesús nos anima a ser valientes, porque si alguien se avergüenza  de llamarse cristiano, Jesús se avergonzará de él delante del Padre, cuando venga a juzgar a los hombres, rodeado de  ángeles, manifestando su poder y su  gloria.

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